Desde muy pequeña, los ocho años, vi a un señor que pasaba por la puerta de mi casa con un pañuelo que le cubría una traqueotomía, sentía miedo porque pensaba que a mi papá le podía pasar lo mismo.
A tan temprana edad eso, para mi, era incomprensible.
Mi padre era matarife y tenía fábrica de chacinados. Una tarde cuando yo tenía catorce años llega mi papá del trabajo y cuenta que había visitado a un cliente que tenia cáncer de laringe. Lo escuche comentarle a mi mamá: -" Está para el cementerio…" - y en ese momento yo pensé ¿qué pensaría el si supiera que iba a morir de lo mismo? Este pensamiento me asustó y nunca lo comenté con nadie.
Mi amor por mi papá era tan grande que no me permitía ver que siempre asociaba su muerte con la traqueotomía. El sólo pensarlo me aterraba y me parecía incomprensible.
Por otro lado nunca creí ni en videntes, ni en cartomancias y mucho menos en fenómenos paranormales y cuestionaba a mi mamá que creía en todas esas cosas. Sin duda alguna yo era una escéptica total.
Cuando mi papá tenía 63 años y se ocupaba de su fábrica de plásticos Yo tenia una peluquería y mi mamá trabajaba conmigo. Una mañana ella llego preocupada comentando que mi papa tenia una disfonía debido al calor de las maquinas de su empresa y las bebidas heladas que tomaba. Inmediatamente le dije que dejara todo lo que estaba haciendo y lo fuera a buscar para llevarlo al medico esa misma noche. Así hicimos, el Dr. Marcos Steinbaum , que hoy tiene 100 años, lo observó y estudió durante tres horas. Finalmente le recomendó que se hiciera un estudio con el medico otorrinolaringolo Dr. Pintado.
Cuando los estudios estuvieron finalizados el resultado fue terminante: cáncer de laringe. Esta vez fue el Dr. Alains del Hospital Ramos Mejía quien opera a mi padre. A partir de ese momento vivió con un pañuelo cubriendo su traqueotomía como aquel señor que yo había visto a los ocho años…
He aquí que tuve mi primera videncia a esa corta edad y no lo sabia. Sólo sentía culpa por haber percibido lo que había sentido.
Estando en la peluquería, mientras trabajaba, sin saber que lo que estaba teniendo eran videncias daba todo tipo de recomendaciones de pareja, salud, trabajo, viajes.
Otro día, mientras trabajaba, pasó detrás mío la manicura y sentí como una corriente eléctrica en el entrecejo. Se me ocurrió preguntarle si le pasaba algo a lo que respondió con un – “¿Por qué?, a mi no me pasa nada”. Mientras sus ojos iban de un lado hacia otro como si escondiera algo, que algo no estaba bien. Esa noche, muy tarde fui a la guardia del Sanatorio Santa Isabel del cual soy socia, porque la corriente eléctrica –el entrecejo y mi nariz que vibraban) que había sentido me preocupaba mucho. En realidad tenía miedo de tener una parálisis facial.
Para mi sorpresa al llegar a la guardia del Sanatorio fui atendía por el médico de guardia, cuando le comento lo que sentía y lo preocupada que estaba por esas sensaciones. Le dije al Dr. que estaba sintiendo lo mismo en ese preciso instante. Su diagnóstico fue uno solo y terminante: “Ud. no va a tener ninguna parálisis facial, ¡Ud. está percibiendo!. Hoy puedo asegurar que estaba percibiendo la carga negativa que dejaban los pacientes anteriores.
Salí del consultorio pensando en lo que el Dr. me había dicho y en la sensación que sentí. Así de a poco comencé a asociar las sensaciones físicas con los hechos que iban ocurriendo: al poco tiempo me enteré que la manicura que me produjo esa corriente eléctrica en mi cara me robaba a mí y estafaba a gente inocente para juntar dinero para irse al extranjero.
Ese fue el momento en el que comencé terapia con una psicoanalista y recorrí muchas iglesias buscando una explicación para las cosas que estaban pasando alrededor mío. Los muebles se movían, el equipo de audio se encendía solo, se abrían y cerraban cajones, Tenía que encontrar una explicación para esto…
Fue entonces que conocí a la Dra. Elena Liceaga, mi psicoanalista desde ese momento, que tiempo después de conocerla, me dijo que yo no estaba loca. - " Ud. es vidente: tiene un don". Era un día muy caluroso y recuerdo que las piernas me temblaban después de esa charla, iba por la calle y sentí que iba en el aire.
Actualmente, cuando una persona se acerca a mi pidiendo mi ayuda, sólo le pido que me de su nombre, fecha y año de nacimiento. Apoyando mis dedos sobre esos datos o sobre una foto que me proporciona el consultante, puedo percibir lo que le sucede o siente de cualquier manera, no importa en que lugar se encuentre. Mi mente viaja en tiempo y espacio como decía Freud.
Cuando me consultan por algún problema, no importa cual sea este, empiezo a sentir en mi cuerpo la energía. Si es de salud, siento el problema tanto si es físico como si es psicológico por empatía.
En el caso de un problema físico, cuando siento el síntoma de algún órgano con problemas se llama “ visión endopsíquica “ , según dicen los profesionales.
Puedo percibir la psiquis del consultante o de la persona para quien éste busca ayuda ( problemas de adicciones , depresiones, fobias, etc), y trato de ayudarlo y guiarlo para logre el objetivo primordial de lograr la solución a su problema.
El señor Alejandro Parra, psicólogo, parapsicólogo, y conocido investigador de los fenómenos paranormales, se reunió con la Dra. Liceaga , el Dr. Steinbaum y el Dr. Samuel Tarnopolsky para conversar y analizar mi condición de vidente para que yo pudiera comprender finalmente lo que me pasa.